Los dos exsecretarios del gabinete del gobernador Américo Villarreal Anaya acaban de demostrar el tamaño de su compromiso. Resulta que la solemne promesa de quedarse a picar piedra hasta el silbatazo final del sexenio les duró muy poco; motivados por meros intereses personales y una desbordada ambición, decidieron tirar el arpa para irse a buscar las alcaldías de sus respectivos pueblos.
Qué enternecedor amor al terruño, lo divertido del caso es que antes de que existiera Morena, antes de que se inventara la Cuarta Transformación y antes de que el doctor Américo los rescatara del anonimato, ambos personajes estaban a años luz de ser un estuche de monerías administrativas. Más bien, su capacidad estaba severamente limitada y apenas si podían presumir una pizca de experiencia laboral o profesional en el servicio público.
Pero claro, en el reparto de las parcelas del poder, ella presumió las influencias dinásticas necesarias para colarse al gabinete legal, arrebatándole el espacio a verdaderos operadores del americanismo.
El caso más claro es el del tampiqueño Alejandro Rábago Hernández, un empresario que originalmente iba perfilado hacia esa oficina de Desarrollo Económico y a quien de última hora terminaron despojando.
Para compensar el desaire, a Rábago le entregaron la Coordinación de Asesores del gabinete estatal, un área con tan poco peso político real que no pudo nombrar ni a un solo asesor propio. Fue exactamente ahí, en ese sótano repleto de expedientes muertos, donde también mandaron a congelar a la eficiente Rocío Pérez Cantú.
Finalmente, y con evidentes ganas de darle las gracias por sus servicios para quitárselo de encima al tercer piso, Alejandro Rábago fue exiliado de Tamaulipas como flamante representante del Gobierno del Estado en la Ciudad de México.
Lo alejaron de su familia y de sus padres en lo que fue una elegante manera de decirle, sin palabras, que su tiempo en la capital había expirado. Rábago, noble e institucional, trató de hacer su mejor esfuerzo desde la metrópoli; mantuvo una relación muy cercana con cámaras empresariales y medios de comunicación nacionales, poniendo la bola en la línea de gol para que otros se colgaran las medallas en el estado.
Hoy, tras no sobrevivir a la encarnizada grilla de la oficina principal, Alejandro regresó a Tampico a refugiarse con los suyos, recordando con discreción su paso burocrático y agradeciendo el apoyo inicial del gobernador. Pero con la desbandada actual en el gabinete, se abren nuevos huecos en el tablero; y en política, las segundas oportunidades siempre deben estar a la orden del día.
Mientras tanto, en la frontera norte, la exsecretaria de Desarrollo Económico, Ninfa Cantú Deandar, ya estrenó su traje de aspirante oficial a la alcaldía de Nuevo Laredo. Ninfita comenzó a inundar las redes sociales apropiándose de un papel de mediadora que francamente le queda muy flojo y grande. Ahora, con total frescura, propone un "pacto de unidad, tolerancia y paz" para todos los compañeros que se registraron en la plataforma digital.
Asegura muy conmovida que se reunirá con cada uno de ellos para evitar el fuego amigo, pregonando que ella cree en una política donde "la dignidad humana, la justicia social y la igualdad de oportunidades sean el centro de cada decisión".
Qué bonito discurso, lástima que a Ninfita se le olvidó aplicar ese mismo trato humano y tolerante cuando despachaba como titular del gabinete estatal. Todavía se recuerda la orden fulminante que dio para cerrarle las puertas al reconocido empresario Pedro Lozano Martínez, quien hoy, en una ironía poética de la grilla, aspira exactamente a la misma candidatura municipal por Morena.
Ninfita presume que será la elegida por el puro peso de su cercanía con el gobernador; pero la tétrica realidad de Nuevo Laredo es que Morena necesita urgentemente una carta competitiva, popular y de territorio si es que no quieren entregar la plaza en bandeja de plata ante el panismo, cuya candidatura recaerá en la experimentada Yahleel Abdala Carmona (YAC).
YAC, por cierto, ya empezó a sufrir el sistemático ataque de granjas de bots contratadas desde la clandestinidad, mientras en los tribunales le fabrican carpetas exprés para intentar frenarla a la mala.
El otro exsecretario prófugo de la disciplina del gabinete, Luis Gerardo Illoldi Reyes, había jugado a las escondidas tras dejar la Secretaría del Trabajo. Mientras tanto, sus amigos cercanos soltaban la piadosa especie de que renunció por una petición directa del gobernador, quien supuestamente le prometió convertirlo en el próximo alcalde de Ciudad Victoria.
Tras formalizar su salida desde el pasado sábado 3 de octubre, Illoldi reapareció triunfal en sus plataformas digitales para avisar que viene por "nuevos proyectos" y que los victorenses tendremos la oportunidad de verlo hasta en la sopa.
Para abrir boca, el exfuncionario colgó un video promocional que tituló de forma muy romántica: “Amor por mi tierra”. El eslogan resulta sumamente contradictorio, o quizás demasiado afín, con su conocida obsesión como acaparador de propiedades inmobiliarias en la capital; un amor por la tierra que se mide en metros cuadrados y que está perfectamente documentado en los registros catastrales del municipio.
Es un expediente que debería pesar en tiempos de la honestidad valiente, pero ya sabemos que en la ruleta guinda las reglas se tuercen a conveniencia.
Para cerrar con temas de verdadero nivel legislativo en el Congreso de la Unión, vale la pena destacar las dos importantes adiciones que la senadora Maki Esther Ortiz Domínguez presentó formalmente a nombre de la bancada del Partido Verde Ecologista de México a la Ley de Ingresos.
La primera es una declaratoria frontal de guerra en contra del huachicol fiscal. "Es cuando algunas empresas evitan pagar impuestos con los combustibles, declarando gasolina o diésel como si fueran otro producto. Propongo que se informe con total claridad cuánto dinero se recupera realmente con las medidas del gobierno, porque más recaudación no siempre significa que se está combatiendo esta práctica", explicó la reynosense con rigurosa lógica financiera.
La segunda iniciativa propone un inteligente estímulo fiscal para el cuidado del agua. Actualmente las industrias pagan tarifas planas por el líquido que consumen, pero no existe ningún incentivo para quienes invierten millones en plantas de tratamiento y reutilización; Maki propone apoyar con subsidios a las firmas que logren reducir su consumo, siempre y cuando lo demuestren con medidores certificados. Dos propuestas que prometen meterle verdadera transparencia a las cuentas públicas y frenar el desabasto hídrico.
Viendo las iniciativas del Verde, a los rabiosos aspirantes de la capital les vendría bien leer un poco para entender de qué se trata el servicio público. Sobre todo a los consentidos del Palacio estatal que andan más preocupados por firmar pactos de utilería en Fast Green o presumir terrenos que por convencer a una militancia que ya está harta del nepotismo y los dedazos.
Bueno, por hoy es todo.
El patinazo… miren que predicar tolerancia en Nuevo Laredo tras cerrar la puerta a los empresarios locales puede provocar un aparatoso portazo en la encuesta final del partido.
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