El legado del reverendo Jesse Jackson, quien falleció este martes, se puede ver y escuchar todos los días en casi todo Estados Unidos, desde las calles de Mineápolis hasta las luchas progresistas electorales de los años recientes –incluida la elección de Barack Obama como la del socialista democrático Bernie Sanders– a los intentos de crear frentes amplios de diversas luchas sociales bajo el ejemplo de su Coalición Arcoíris.
Jackson fue el puente más importante entre el movimiento de derechos civiles de los años 60 del siglo pasado, encabezado por su mentor el reverendo Martin Luther King Jr –estuvo a su lado cuando fue asesinado en 1968– y las movilizaciones sociales durante el pasado medio siglo.
Mientras muchos de los líderes religiosos que trabajaron con King buscaron limitar el enfoque del movimiento de derechos civiles después de su muerte, Jackson promovió una visión amplia de justicia económica y social al convocar a afroestadunidenses, blancos, latinos, cristianos, musulmanes y judíos. Fue presencia constante en huelgas sindicales y uno de los primeros líderes en exigir que el Partido Demócrata defendiera los derechos del pueblo palestino.
Fue el primer hombre afroestadunidense en buscar la candidatura presidencial del Partido Demócrata (Shirley Chisholm fue la primera afroestadunidense en intentar ser la abanderada a la Casa Blanca) en dos ocasiones, 1984 y 1988, ganando más de 7 millones de votos en las primarias. Abrió el camino, según expertos, para Obama, quien lo marginó después
Estaba en el escenario en la Convención Demócrata de 2024 cuando se coronó a la primera mujer afroestadunidense como candidata presidencial. Pero militantes centristas de la cúpula política y económica del país hicieron todo para obstaculizar y frenar su ascendencia política, asustados por la coalición de afroestadunidenses, latinos, sindicalistas, ambientalistas, inmigrantes y jóvenes que logró armar.
Obligó al Partido Demócrata a girar a la izquierda
Jackson fue quien movilizó bases que solían no participar y, con ello, obligó a que el partido tuviera que girar hacia la izquierda. En 1988, el presidente de su campaña electoral, el líder populista de Texas Jim Hightower, introdujo al candidato ante la Convención Demócrata, con acento regional, así: “todos dicen que hay que estar en el medio del camino (ser centrista) para ganar. Bueno, lo único que hay en medio de los caminos texanos son líneas amarillas y armadillos muertos. Por eso, les presento al próximo presidente de Estados Unidos, Jesse Jackson”.
Con su talento retórico y su atrevimiento político, Jackson cimbraba al público, fuera un pequeño pueblo como Austin, Minesota –todo blanco durante una huelga de una procesadora de carne–, a una iglesia en Atlanta donde predicó el reverendo King, a marchas en Chicago, siempre en defensa de trabajadores, discriminados, mujeres y gay. “Viva la esperanza” (Keep hope alive) era una de sus consignas en todos los frentes.
Incidió directamente en el debate nacional sobre un abanico de temas nacionales e internacionales. Fue feroz opositor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte al argumentar que era “una codificación de los derechos empresariales” y que tendría consecuencias severas contra trabajadores y granjeros tanto en Estados Unidos como en México. Se presentó personalmente una y otra vez en huelgas y movimientos de derechos de minorías, mujeres, gay y en solidaridad con luchas democráticas de otros países. Condenó la llamada “guerra contra las drogas” por sus consecuencias sociales, tanto dentro como fuera de Estados Unidos.
Su legado internacional
Fue una figura clave antiapartheid internacional, reuniéndose con líderes de ese movimiento de liberación en tiempos en que aún políticos liberales estadunidenses evitaban hacerlo. Conoció y elogió a Cuauhtémoc Cárdenas de México y a Lula cuando el brasileño llegó por primera vez a la presidencia de su país, como otros líderes de movilizaciones de liberación nacional en África y Medio Oriente.
Jesse Jackson (segundo de izquierda a derecha) con su mentor, Martin Luther King Jr (a su lado) un día antes del asesinato del líder social, en Memphis, el 3 de abril de 1968. Foto Ap
Jackson viajó a Cuba donde con Fidel Castro logró la liberación de 48 prisioneros como parte de un esfuerzo de diplomacia ciudadana para relajar las tensiones en la relación con Estados Unidos. En su primera visita a la isla en 1984, mientras estaba en campaña presidencial, Jackson convenció al líder caribeño de ir por primera vez a una iglesia, metodista, abriendo una puerta para la comunidad religiosa en Cuba.
Según Jackson, le platicó a Castro sobre la teología de la liberación y de las tradiciones de Martin Luther King como expresiones religiosas.
El senador Bernie Sanders declaró este martes que la Coalición Arcoíris creada por Jackson “sentó los fundamentos para el movimiento progresista moderno, el cual continúa la lucha por su visión de justicia económica, racial, social y ambiental”.
“Jackson acudía a donde estaba el dolor a ayudar a la gente a sanar, ayudarlos a encontrar su poder para proceder al frente y empujarnos a todos hacia adelante otra vez”, declaró este martes Ben Jealous, ex presidente de la organización nacional afroestadunidense de derechos civiles. “Cuando los derechos al voto estaban bajo asalto, hizo eso mismo, cuando los derechos de inmigrares estaban bajo ataque, hizo eso mismo. Cuando gente trabajadora de cualquier color se encontraban bajo ataque, hacia eso mismo”.
Algunas de las expresiones más conmovedoras ante la noticia de su muerte provinieron de gente que lo veía como su mentor. “Me enseñó que la protesta debe tener un propósito, que la fe tiene pies y la justicia no es de temporadas, es trabajo diario”, explicó el reverendo Al Sharpton, un veterano líder nacional de derechos civiles.
La distancia con ex mandatarios
Figuras políticas nacionales, desde el presidente Donald Trump hasta los ex mandatarios Barack Obama y Bill Clinton ofrecieron sus elogios por el papel de Jackson en la sociedad estadunidense. Pero en el apogeo de su trabajo, las cúpulas de ambos partidos nacionales buscaron una y otra vez marginar y contener al reverendo carismático.
Aunque Obama reconoció este martes que él “estaba parado sobre los hombros de Jackson”, el primer presidente afroestadunidense de Estados Unidos mantuvo su distancia con el reverendo mientras ocupaba la Casa Blanca, igual Clinton.
Ese Estados Unidos, siempre insistió, tiene un interés común con otros países, sobre todo del Sur Global. En entrevista publicada en el primer número de La Jornada, el 19 de septiembre de 1984, declaró que “la Coalición Arcoíris es una comunidad política que funge como interlocutor natural del Tercer Mundo dentro de Estados Unidos. Si logramos coordinar eficientemente nuestros interés comunes, entonces los latinoamericanos podrían ayudar a fortalecer nuestra Coalición y el Arcoíris hará que la voz del progreso latinoamericano sea atendida en nuestra nación”.
Agregó: “mis recientes viajes a Cuba, América Central y México me impresionaron profundamente… antes que nada, debe haber un reconocimiento práctico del derecho… a su autodeterminación. La soberanía nacional y la integridad territorial no pueden ser motivo de negociación alguna”.