El Pentágono dijo el martes que pondrá fin al despliegue de 2.000 elementos de la Guardia Nacional en Los Ángeles, lo que representa casi la mitad de los soldados enviados a la ciudad para lidiar con las protestas contra la batida migratoria del gobierno del presidente Donald Trump.
Aproximadamente 4.000 miembros de la Guardia Nacional y 700 infantes de Marina han estado desplegados en la ciudad desde principios de junio. No estaba claro de momento qué motivó el repentino fin del despliegue de 60 días, ni tampoco estaba claro cuánto tiempo más permanecerían el resto en la región.
A finales de junio, el principal comandante militar a cargo de los elementos desplegados en Los Ángeles había solicitado al secretario de Defensa, Pete Hegseth, que 200 de ellos regresaran a sus deberes de combate contra incendios forestales, en medio de advertencias por parte de Newsom de que la Guardia Nacional carecía de personal suficiente mientras California entraba en la temporada alta de incendios forestales.
El fin del despliegue se produce una semana después de que las autoridades federales y los elementos de la Guardia Nacional acudieron al Parque MacArthur con armas y caballos en un operativo que terminó abruptamente. Aunque el Departamento de Seguridad Nacional no explicó el propósito del operativo ni si alguien había sido arrestado, las autoridades locales dijeron que parecía diseñada para sembrar miedo.
“Gracias a nuestras tropas que respondieron al llamado, la anarquía en Los Ángeles está disminuyendo”, dijo el principal portavoz del Pentágono, Sean Parnell, en un comunicado al anunciar la decisión.
El 8 de junio, miles de manifestantes salieron a las calles en respuesta al despliegue de la Guardia Nacional por parte de Trump, bloqueando el paso en una autopista principal mientras los agentes policiales usaban gas lacrimógeno, balas de goma y granadas aturdidoras para controlar a la multitud. Las fotografías capturaron varios robotaxis Waymo incendiados.
Un día después, los agentes de policía usaron granadas aturdidoras y dispararon proyectiles mientras hacían retroceder a los manifestantes a través de Little Tokyo, donde los transeúntes y trabajadores de restaurantes se apresuraron a salir de su camino.
La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, estableció un toque de queda durante aproximadamente una semana que, según ella, había protegido con éxito a las empresas y ayudado a restaurar el orden. Las manifestaciones en la ciudad y la región de las últimas semanas han sido en gran medida pequeñas protestas espontáneas en torno a arrestos.
Bass celebró la partida de los soldados.